jueves, 10 de noviembre de 2011

10 de Noviembre-Día de la Tradición Argentina.

YO, NO TENGO LETRA- de Guillermina Brasseur

A Teresa Caula

La madre de Panchito Isla y su hijo habían dejado su patria chica para habitar el interminable tinglado provisto por el gobierno después de la inundación, donde vivían los refugiados.
Encinta y con otro niño de la mano, lo acompañó a la escuela.

- M’hijo, aprenda a leer y a escribir, para no sufrir tanto, como una. Pórtese bien.- Le dijo al despedirse, y le dio un beso.
El niño alargó los ojos hasta que su madre fue un bultito azul. Allí quedó añorando aquel universo de la isla, que se le aparecía tan lejano y tan presente: su caña de pescar, todas las aves, ese cielo y la playa donde sus pasos habían dejado la impronta de pies chiquitos.
El año escolar fue pasando sin sobresaltos. Todos los días se izaba la bandera, sin que las maestras pusieran emoción alguna al hacerlo.
Pasaban a las aulas y acuñaban en sus cuadernos las primeras letras, fuera de los renglones, hacia arriba o hacia abajo semejando graciosos caminos de hormigas.
Después venía la hora de matemática en la que se enseñaban los números, esa abstracción que nunca tuvo el más mínimo anclaje en la realidad, que jamás partió del contexto, y que lógicamente para muchos chicos nada significó.
Por suerte el olor a guiso indicaba el fin de la jornada. Los jugos bucales empezaban a fluir. En el comedor los platos de lata y el agua bienhechora eran servidos a las doce.
Terminaban de comer y se iban a sus hogares.
Panchito salía de la escuela dando saltitos y chiflando un aire de chamamé.
Cuando llegaba, su madre le preguntaba siempre cómo le había ido, mientras se solazaba mirando los dibujos de peces, ranitas, bichos, árboles con flores rojas y hasta un corazón resplandeciente, en el cuaderno único.
Lo cierto es que era imposible aprender a leer y escribir.
Pasaban en la escuela las horas monótonas, mientras la señorita llenaba registros con datos para quién sabe qué oscura oficina de oscuros funcionarios que jamás se interesarían por los niños repitientes de carne y hueso, ni por los pobres, y menos por los negros.
Un buen día viene la orden del Consejo, con la taxativa recomendación de que, para evitar tanto fracaso escolar, se debían aclarar las pautas de evaluación.
La directora llamó a los padres a la escuela, tal como rezaba la carta que una vecina pudo leerle con dificultad.
¿Los padres? Si ella estaba sola, con dos chicos a cuestas, uno en camino. Su marido había muerto electrocutado cuando las aguas subieron.
Sentada en un banquito junto al pupitre de su hijo, la madre de Panchito hacía un rato que esperaba. Había sido la primera en llegar. Su panza estaba tirante, tirante.

- Señora, lea por favor y fírmeme aquí. Son los criterios que vamos a tener en cuenta para la evaluación. Si el niño no logra alcanzarlos, deberá repetir el grado.
La madre de Panchito hizo un garabato, mientras miraba lo que a su juicio era un montón de insectos despatarrados en la hoja del cuaderno con forro azul tela de araña plastificado.

- Sí, señorita –dijo, y pensó “si Dios quiere, éste que está viniendo ahora, también va a aprender a leer, para no sufrir... Yo, no tengo letra.”

Tuvo que separar las piernas porque un agua clarita bajaba caliente.



Datos de la autora

Guillermina Brasseur nace en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.
A los cinco años su familia se traslada a Paraná, definitivamente.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en la ciudad capital de la provincia de Entre Ríos
Se recibe de Profesora en Ciencias Naturales primero, y luego de Profesora universitaria en Biología. Su actividad sustantiva ha sido la docencia secundaria, terciaria y universitaria.
Es miembro de la SADE (Asociación que nuclea a escritores argentinos).
En la actualidad es docente de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, en las facultades de Ciencia y Tecnología y Humanidades, Artes y Ciencias Sociales.




7 comentarios:

Mª Carmen dijo...

Bonita historia amiga, sin educación estamos perdidos, esta historia me recuerda a mi niñez, donde la pobreza estaba muy presente y era muy triste.Besitos.

Maria Eugenia Rojas Alegria dijo...

Precioso relato, historia triste de muchos niños.
Gracias por estar en mi rinconcito y espero tu correo para compartir alguna lección.
Besitos bañados de dulce chocolate.
Mau

Pakiba dijo...

Preciosa historia nos cuenta hoy querida amiga.
Gracias por tu correo de la Virgen que son mucho gusto he compartido con otras amigas por si necesitan su apoyo.


Un gran beso para ti y un millón de abrazos.

miscyberamigos dijo...

‎(\ /).───
( . .)-♥....
c(")(")═╗ UN PLACER VISITAR TU
HERMOSO BLOG ¡!!
¸.✿´´¯`•.¸¸. ི♥ྀ.
(¯`v´¯)
`*.¸.*.♥♥.FELIZ DOMINGO Y BUENA SEMANA,
CON TODO CARIÑO LAURA CORNEJO
http://miscyberamigos.blogspot.com

El Panal de la Abejita dijo...

LINDA ENTRADA AMIGA!! VINE A DESEARTE UN FELIZ INICIO DE SEMANA. BESITOS DESDE VENEZUELA. MARISELA:)

Gabriela dijo...

Sería bueno saber si lograron salir de esa desesperanza. Me gustaría saber que así fue.

Guillermina dijo...

Lelé: me siento gratificada por la inclusión de mi cuento y la repercusión que ha tenido en su blog. Como muchos escritos que tengo, salirieron por impulso y rebeldía. Soy docente desde hace cuatro décadas y estas situaciones me duelen, aunque tengo la posibilidad de ejercer la esperanza en la acción. El escribir para mí es un bálsamo. Gracias, Guillermina de Paraná, Entre Ríos, Argentina