viernes, 8 de agosto de 2014

Dormir en mis manos

*** Fue uno de estos días , al terminar de almorzar, que me dirigí hacia mi jardín queriendo dar un paseo antes de dormir una siesta. 
LLamó mi atención un rosal al que no había podado aún y hacia el me dirigí. Corté la rama que debía quitar para sus mejores brotes y la dejé sobre un tapial interno para luego sacarla con la bolsa de residuos.
Las palomas, calandrias,zorzales, horneritos y cachilos revoloteaban sobre la copa del árbol central de mi patio; cuando de pronto un chistido me llamó la atención, levanté la vista buscando quién era el autor del sonido sin encontrarlo.





 Fue un chistido distindo, como de llamado, que me resultó desconocido al canto conocido de las aves que siempre nos habitan.
Me dirigí hacia otra planta a quitar unas malezas y volví a escuchar el mismo chistido, volví a alzar la vista pero... nada.
Me retiraba ya y un tercer chistido acompañado de movimientos en el suelo de un cantero me atrajo y ahi estaba, atrapado entre las ramas de una planta y hojas secas un hornero.
Lo tomé suavemente entre mis manos con temor de que estuviera lastimado. Fijó sus ojitos en mi y su cabecita cayó desmayada... se había ido...
En vano traté de animarlo hablándole quedito y acariciando suavemente su plumaje, ya era tarde.
Un sentimiento raro entre tristeza y alegría me invadió: Alegría, porque me había elegido a mi para morir entre mis manos y no en soledad, tapado por las hojas y Tristeza porque llegué tarde para auxiliarlo y porque la muerte siempre nos duele.

El hornero es un ave al que conocí desde niña, ya sea porque vivía en el campo o por un hermoso poema donde su autor, Leopolgo Lugones, ilustra detalladamente su figura.
Aquí les dejo los primeros versos.



EL HORNERO (Poema tradicional de: Leopoldo Lugones).
    
La casita del hornero
tiene alcoba y tiene sala.
en la alcoba la hembra instala
justamente el nido entero.
En la sala, muy orondo,
el padre guarda la puerta,
con su camisa entreabierta
sobre su pecho redondo.
Elige como un artista
el gajo de un sauce añoso
o en el poste rumoroso
se vuelve telegrafista.
Allá, si el barro está blando,
canta su gozo sincero,
yo quisiera ser hornero
y hacer mi choza cantando...